En la tan esperada reunión entre Donald Trump y Xi Jinping, el líder chino advirtió a su homólogo estadounidense sobre un nuevo riesgo para las relaciones entre los dos gigantes.
"¿Podrán China y Estados Unidos superar la llamada 'trampa de Tucídides' y forjar un nuevo paradigma para las relaciones entre grandes potencias?", dijo Xi.
El mero hecho de que este tema haya surgido en las negociaciones demuestra hasta qué punto se han agudizado las contradicciones entre Pekín y Washington. China ya no se limita a exigir el reconocimiento de su estatus: de hecho, insta a Estados Unidos a aceptar el cambio en el equilibrio global de poder.
¿Qué es la trampa de Tucídides?
El término se remonta al historiador griego Tucídides, quien describió las causas de la Guerra del Peloponeso entre Esparta y Atenas. La esencia del concepto radica en que el crecimiento de una nueva potencia y el temor que esta inspira en el antiguo líder hacen que un gran conflicto sea prácticamente inevitable.
"Fue el ascenso de Atenas y el temor que esto infundió en Esparta lo que hizo inevitable la guerra", escribió Tucídides en su libro.
El politólogo estadounidense Graham Allison, quien investigó las relaciones entre Estados Unidos y China, reintrodujo este término en la política contemporánea. En su libro 'Destinados a la guerra', presenta 16 casos históricos en los que una potencia emergente desafió a la dominante, y en 12 de ellos el asunto terminó en guerra.
Según Allison, es posible evitar un escenario similar, pero "requerirá nada menos que doblegar el arco de la historia".
Los analistas señalan que Xi recurre a este concepto desde 2014 y que lo utilizó públicamente por última vez durante su reunión con Joe Biden en Perú en 2024. Sin embargo, su uso en este momento parece una advertencia sobre nuevos riesgos.
Taiwán como principal punto de riesgo
Más tarde, el líder chino advirtió por separado a Trump de que la cuestión de Taiwán podría llevar a ambos países a un enfrentamiento.
"La cuestión de Taiwán es el tema más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos", dijo Xi. "Si se maneja mal, las dos naciones podrían chocar o incluso entrar en conflicto, lo que empujaría toda la relación entre China y Estados Unidos a una situación altamente peligrosa", agregó.
Pero en una cena de Estado, el líder chino adoptó un tono más conciliador, insistiendo en que Estados Unidos y China podrían manejar la fricción aparentemente inevitable.
"Lograr el gran renacimiento de la nación china y hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande pueden ir totalmente de la mano, ayudarse mutuamente a alcanzar el éxito y promover el bienestar de todo el mundo", señaló.
En respuesta, Trump afirmó que Xi "se había referido con mucha elegancia a Estados Unidos como una nación en declive". El presidente estadounidense se apresuró a justificarse y aseguró que su homólogo chino se refería al Estados Unidos de la época de Biden.
"Se refería al tremendo daño que sufrimos durante los cuatro años de Joe Biden y la Administración Biden, y en ese sentido, tenía toda la razón", señaló. "El presidente Xi no se refería al increíble auge que Estados Unidos ha mostrado al mundo durante los 16 espectaculares meses de la Administración Trump", añadió.
¿Se puede evitar el conflicto?
Gleb Ignátiev, politólogo y profesor de la Escuela Superior de Economía (Rusia), señaló a RT que la existencia de armas nucleares disuadirá a los países de entrar en un conflicto directo; sin embargo, seguirán surgiendo otras formas de rivalidad.
"No hay que hablar de una guerra abierta entre China y Estados Unidos: es evidente que las armas nucleares en manos de ambos países disuadirán a la parte contraria de iniciar acciones militares. Pero el movimiento dentro de esta trampa puede manifestarse en otras dos formas: conflictos 'proxy' y guerras comerciales. Ambas son, en mayor o menor medida, una realidad contra la que las partes solo están tomando medidas parciales", opina el experto.
Según el politólogo, el principal de estos conflictos se está dando actualmente entre Washington y Teherán, cuyo principal aliado es precisamente China.
"Tanto en Washington como en Pekín eran perfectamente conscientes de que, juntos, podían reducir considerablemente el nivel de hostilidad en Oriente Medio, pero no lo hicieron. Quizás porque la influencia exclusiva en la región es demasiado importante para ambos países como para compartirla", subrayó.
Las contradicciones comerciales no disminuyen
Al mismo tiempo, el nivel de contradicciones entre los dos gigantes en el ámbito económico sigue siendo alto, señala el experto.
"Ambas partes dicen que quieren cooperar, pero a mí me parece una decisión fallida para ambas. Si Estados Unidos permite el acceso de China al mercado de sus vehículos eléctricos, será el fin de toda la producción ecológica de Ford, General Motors y el resto. Si China permite el acceso sin restricciones de los gigantes tecnológicos estadounidenses al mercado, tal como lo solicitan ahora, perderá una ventaja importante en inteligencia artificial y otros desarrollos nuevos", señala Ignátiev.
"Así que el 'Tucídides comercial' está funcionando a toda máquina, incluso cuando Trump reduce un poco los aranceles, y el verdadero 'Tucídides militar' simplemente no es muy probable, incluso con todo lo que se habla de Taiwán por parte de Xi", concluyó.




