El río Danubio, una de las arterias fluviales más importantes de Europa, sufrió de lleno las consecuencias del calor extremo que azotó la región este verano. Esta vía navegable desempeña un papel fundamental en el transporte de mercancías, la actividad agrícola y el desarrollo industrial.
Además, sus aguas son esenciales para refrigerar grandes centrales nucleares y garantizar el funcionamiento de proyectos hidroeléctricos. Sin embargo, la intensa sequía provocó un descenso considerable del nivel del Danubio, poniendo en riesgo sectores económicos clave de Europa.
Niveles alarmantes
En julio de este año, el nivel del Danubio en Rumania descendió hasta su mínimo desde 1996, y se situó en 1.700 metros cúbicos por segundo. En relación con esto, el Gobierno se vio obligado a detener la única central nuclear del país, la planta de Cernavoda. Antes de esto, Bucarest había adoptado medidas drásticas y había utilizado explosivos para desviar más agua hacia la planta. Hungría también cerró completamente su única planta nuclear Paks, por primera vez en sus 44 años de historia.
La desecación del Danubio no solo afectó al sector energético, sino que tuvo un impacto devastador en el sector agrocultural, la naturaleza y el transporte. Los barcos y transbordadores no pueden realizar sus rutas habituales, mientras que los operadores han detenido el transporte de mercancías y han cambiado sus trayectos.
Falta de soluciones coordinadas
El descenso del caudal en el Danubio se ha convertido en un problema recurrente, la Unión Europea (UE) todavía no ha elaborado una política común sobre la gestión de la sequía, que actualmente permanece bajo la responsabilidad de los gobiernos nacionales.
Loic Charpentier, el responsable de asuntos públicos del grupo de presión Water Europe, afirmó a Politico que la UE proporciona solo un marco común. "Los gobiernos nacionales pueden tener un plan..., pero la mayor parte de la gestión se realiza a nivel de cuenca hidrográfica o a nivel local", indicó. Añadió que por ello se crea una impresión como "las acciones no estuviesen coordinadas".
Sin embargo, las autoridades nacionales adoptan medidas unilaterales, que podrían dañar a los ecosistemas de países locales. Dimiter Koumanov, el responsable de protección ambiental de la ONG fluvial búlgara Balkanka, expresó las preocupaciones del impacto de las medidas de emergencia que toman los países del Danubio en el suministro de agua potable del país. Indicó que los gobiernos vecinos "hacen todo lo que quieren" y Bulgaria "paga el precio".
Preparación insuficiente
"Este verano ha sido otro recordatorio de que Europa está muy mal preparada para hacer frente al cambio climático", afirmó Sara Johansson, la experta en política hídrica de la Oficina Europea de Medio Ambiente. "Los suelos secos, los humedales degradados y los ecosistemas destruidos están convirtiendo los paisajes en auténticas cajas de yesca listas para arder, mientras que los ríos agotados han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de nuestro sistema energético", destacó.
Todas las medidas elaboradas por el momento resultan insuficientes. En agosto, Hungría inició la construcción de rápidos, con el objetivo de aumentar el nivel del agua en la zona de la planta nuclear de Paks.
Tamás Gruber, el responsable del programa 'Living Rivers de WWF Hungría', calificó la iniciativa como "intervención a corto plazo potencialmente útil". "Sin embargo, la información disponible no es suficiente para evaluar plenamente sus consecuencias ecológicas ni su eficacia en futuras condiciones extremas de bajo caudal", señaló.
Otra víctima de sequía
La sequía también afectó gravemente a otro de los ríos más importantes de Europa: el Rin. El nivel del agua en esta arteria comercial, una de las principales del mundo, por la que transitan cada año cientos de millones de toneladas de mercancías, ha caído hasta mínimos no vistos en décadas, lo que amenaza con provocar un fuerte impacto económico en Alemania y en varios países del corazón de Europa.

En julio, el nivel del Rin descendió hasta apenas 53 centímetros en el estratégico paso de Kaub, cerca de Fráncfort, el registro más bajo en décadas, informó The Telegraph. Cuando el nivel del agua cae por debajo de los 80 centímetros, las barcazas se ven obligadas a reducir considerablemente su carga para poder navegar, lo que dispara de inmediato los costes del transporte.
El Rin es una de las vías fluviales más transitadas del planeta. Cada día, unas 6.900 embarcaciones recorren sus 1.233 kilómetros transportando materias primas, combustibles y productos industriales.
El río ya experimentó episodios similares en 1947, 1959, 1964 y 1976, aunque, en 2018, una sequía histórica obligó a detener la actividad de varias plantas industriales situadas en sus orillas y redujo el crecimiento económico alemán.





